martes, 5 de septiembre de 2017

Martes de cine | Game of Thrones

Welcome back my little souls!

Aquí Octavia retransmitiendo desde su rincón de los secretos.
Si si, yo lo sé ... ya os han estado dando pequeñas pistas de quien soy y por qué estoy aquí,  por lo que después del gran comienzo hago acto de presencia plantando la reseña de cierto TV show que está causando furor incluso entre la almas más sabias.



Pues si mis pequeñas almas, estoy hablando de Game of Thrones y su última temporada que a más de uno nos ha dejado sin aliento.

Pero antes de comenzar con el plato principal, necesito que sepáis que soy la mujer más complicada de este planeta para ver series, soy extra especial, tanto que, o se me sabe conquistar, o las dejo aparcadas cual coche abandonado en un descampado. Tal cual. Pero esta, pese al primer episodio, que me hizo preguntarme de que narices iba todo aquello, supo captarme, y es que cuando vi aquella manada de lobos, junto a las demás casas intentando devorarse los unos a los otros poniendo incluso los secretos más enterrados sobre la mesa cuando tocaba, no pude parar.

Como muchos ya sabréis, cada capítulo nos muestra cada uno de los movimientos de cada personaje que nuestro querido Gorge RR Martin dio vida, y que, en un descuido, se la arrebata, cual Dios jugando estratégicamente, y digo estratégicamente, porque es por todos esos peones que hemos llegado a donde hemos llegado.




Todo comienza con nuestra manada de lobos favorita, la casa Stark, que por capricho del destino, acaba separada, ya que nuestro buen amigo Robert Baratheon comienza la gran fiesta, la del año, a la que por supuesto debía asistir nuestro Ned Stark, alfa de su manada, junto con sus dos hijas, una ingenua Sansa Stark y una curiosa Arya Stark, dejando atrás al mando de Invernalia a su esposa Catelyn junto con sus lobatos RobbBran, el cual experimentó que las alturas no son muy buenas en el primer episodio, y Rickon Stark, ya que nuestro bastardo John Snow (mi lobato preferido) se nos va a el muro, para unirse a la guardia de la noche, aunque yo se que era para tener mejores vistas...

Por cada episodio que pasaba tú te tiras de los pelos porque por un lado tenemos a nuestra joyita, Joffrey Baratheon, jugando a un papel que le queda grande, y por otro a los Lannister, que cada uno tiene su propia historia, pero de la buena.

Pajaritos por aquí, cuervos de tres ojos por allá, una bruja que le chiflan las barbacoas, los salvajes, un Hodor muy tierno cuidando de nuestro Bran Stark, una abuelita, pero de las guays y chungas, Lady Olenna, que quiere lo mejor para los suyos de la casa Tyrell, y un duendecillo travieso, Petyr Baelish, alias meñique, que tiene la nariz más larga que pinocho y tiene por hobbie liar las cosas. 

Por otro lado tienen que pasar varias temporadas para que te des cuenta que si creías que Joffrey era retorcido, veas que solo es un crio ricachón jugando a los playmobil,  porque Ramsay Bolton escribe las mejores cartas de amor, sobre todo a nuestra inocente Sansa Stark, personaje que me ha encantado su evolución debo añadir, y que, por otro lado,  como toda persona en este mundo, tiene como mejor amigo al listillo de Theon Greyjoy, que al final nos sorprende a muchos con su par de huevos bien puestos en su última entrega...ejem, pero vaya, que a lo que iba, Ramsay; best friend and lover ever.



Y si, ya lo sé, me he comido a varios, pero es que si no esto no tiene fin, aparte que se lo que estáis pensando; “¡Por Poseidón, Octavia!¿¡Por qué no has mencionado a los más importantes!?” Todo tiene su explicación, y es que primero había que mencionar a los anteriores dado que el foco de revuelta de muchos de ellos, para que engañarnos, es nuestra Daenerys de la tormenta, la que no arde, nuestra madre de dragones, rompedora de cadenas, etc etc etc, que con sus tres bebés ha levantado pasiones, incluso en el muro. ¿Veis? si yo cuando decía que John Snow se marchó al muro por sus buenas vistas era por algo señores…




Ahora, cambiando mi rumbo, me dirijo hacia el desarrollo de la historia.  
A lo largo de seis temporadas siempre se ha seguido el mismo patrón, dándonos la adrenalina que buscábamos en cada uno de los tres episodios finales de cada temporada, pero esta nueva entrega, no se a vosotros, pero a mí me ha sorprendido bastante, dado que ha roto su patrón y en cada episodio nos han tenido sin respiración, algo que no me ha hecho mucha gracia lo cierto. Como el dicho dice, las prisas nunca fueron buenas, y como tal las preguntas surgen en algunos puntos durante esta entrega, aunque quien sabe si han creado alguna clase de propulsor que hace que corras más rápido o que el dichoso invierno que vienen avisando desde hace seis temporadas haya hecho que los caminos mengüen, entre otras cosas más. 

Como conclusión, podría decir que bajo mi punto de vista ha sido como un “corre corre que te pillo” con tal de dejar todo listo para el gran final.

En fin Serafín, admito que es una serie de diez, pero por mi parte más que nada por lo que me ha hecho sentir, por ser realista dentro de un mundo fantástico y por saber mostrarnos cada pequeño detalle de su mundo, ya que es una gran verdad que algunos escenarios han sido increíbles, la fotografía fascinante, y por favor, por esos tres dragones que nos han dado la oportunidad de ver crecer. 




Y con todo esto, que el invierno ya ha llegado (allí, por que lo que es aquí...) y todo eso, doy por zanjada mi primera reseña llena de amor para despedirme con un buen abrazo de galleta.

Love,
Octavia. 

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